SOMBREREANDO

Hacia lo hippie, hacia lo folk; hacia lo romántico o lo chic… ¿Hacia lo neutro? ¿Hacia lo exótico? Bajo el sol o “bajo el burlón mirar de las estrellas”.

Día madrugador.  A la vuelta de la esquina, el sol espiaba para acariciar mi rostro e iluminarme los ojos. Pero de repente, algo sucedió en mi camino… Yo estaba ahí; él, también. Mirándonos tras vitrina fija.Quedé paralizada frente a él unos instantes hasta que tomó rumbo y comenzó a andar. Lo seguí desenfrenadamente.  La situación parecía una persecuta donde mis vísceras me dirigían. Los instantes fueron eternos ya bajo un sol de mediodía. Acalorada por las calles iba perdiendo el incentivo de encontrarlo. Regresé exhausta, pensante y sin haber alcanzado el punto de fuga. Me había enamorado. Y no podía entender cómo la indecisión me arrebataba ese anhelo. Mis dudas lo habían dejado ir. Infinitas dudas. Y fue así que emprendí un viaje para olvidarlo.

  Playas cercanas para cambiar de aire. Sin embargo, él aparecía todo el tiempo… ¿Estaba alucinando? Tal vez eran señales, tal vez, gritos: “Volvé a buscarlo”. Callé el parloteo mental. Respiré profundo. Susurró el mar. Volví y soñé pesadillas, entonces seguí viajando hacia otras  playas, sierras y montañas. Y él “re-aparecía” en cada rincón.  Omnipresente. Entonces, cuestioné mi enamoramiento. ¿Qué me había conmovido de él? Si ni siquiera habíamos estado tan cerca. Fue de lejos, fue a primera vista. Entonces, ¿fue su belleza? ¿Sólo eso? ¿Pura estética? O algo más me seducía. Meditación mediante, advertí que podía ser deslumbramiento. Atmósfera de deseo.

¡Me había enamorado de un sombrero que descansaba tras la vidriera!

Había contemplado cómo alguien, rápidamente se lo compraba esa mañana. Esa persona entró por él y, encima, se lo llevó puesto. Así de fácil, en un segundo.  Y el hombre arrancó sus andanzas contento como con sombrero bello. Mientras yo lo perseguía ¿para qué lo seguía? ¿Para preguntarle qué? ¿Para qué lo seguía? ¿Para saber cómo se hacía llevar algo en la cabeza y protegerte de la mirada del otro, y que no te miren como que estás mal del coco? Mientras el “Don Seguro” andaba a cada paso más chocho yo me iba acalorando… Y sí, el sol de verano estaba bravo, tanto que de la caricia pasó al maltrato.Y como vale preguntar, me contaron que el primer uso del sombrero fue para cubrirse la cabeza y protegerse del clima. Ése fue su principio “más anterior” de todos los tiempos. Después se puso moderno el “Don Sombrero”. Fue distinción,  status, identificación de nacionalidad, rol o religión.  También jerarquía, poder, uniforme o diferenciación. Higiene o protección. Adorno de madrina de casamiento, según relatos de tías viejas allá por los años sesenta.Abrigo de invierno, según mi abuelo.

Cada “cubre cabezas” acurruca historias hasta destaparlas.

Y como les contaba, en esa búsqueda, este verano, la Reina de temporada fue “Doña Capelina”. Asomaron de distintos materiales. De tamaño grande o más minimalista. Con o sin lazo. Y a ella le pisó los talones el versátil sombrero “Fedora” que tiene el ala más corta, con cinta lisa o estampada.

Y como les contaba, este verano, anduve con un “Fedora”;¡y habrá que reinventarlo para el frío, el viento, la lluvia y hasta los tibios rayos de sol! ¿De fieltro, de lana, de terciopelo?

Capelina, boina, gorro, visera,  sombrero, cofia, tocado hasta casco.

Vale preguntar, ¿me animo a usar esa moda protectora? ¿Me animo a elegir por una razón, a cuidarme y respetarme para toda la vida? Vale reinventar, vale repetir, vale recrear. ¿Quiero ir hacia lo hippie, hacia lo folk? ¿Hacia lo romántico? ¿Hacia lo chic? ¿Hacia lo neutro? ¿Hacia lo exótico?  ¿Quiero viajar en el tiempo y remitir a alguna época? Y ¿dónde poner el acento?  Vale preguntarse con qué usar cada uno, si darle importancia o apagarlos con un maxibolso, o con unas botas para desparramar la atención. Vale también usarlos con buenas gafas. Lo que elijamos es bienvenido para darle tregua a este accesorio una temporada más.

  El secreto está en saber elegir. Y me puse a prueba ante la colección de sombreros que tiene mi padre; creo que sesenta. Y persona que entra a casa, persona que se asombra cuando los ve. Algunos se animan a interactuar con ellos y tomarse una foto. Juegan a sacar una arista de su personalidad y yo los miro para conocerlos un poco más. Y lo mismo hago. ¿Qué quiero transmitir? ¿Podré tomar uno prestado? Prometo cuidarlo y bien usarlo.

El secreto es elegir el propio: identificarse. Puedo elegir alguno comodín. Comodín  cómodo para distintas ocasiones, que salva del pensamiento y que sienta bien. Otro puede ser para momento fetiche que diga algo más de vos, que sea más osado.

La clave de la elección es que se equilibre con el rostro y que calce bien en la cabeza para que quede a talle, no se vuele ni se pierda. ¿Y cómo llevar el cabello? ¿Suelto prolijo o suelto salvaje? ¿Con una trenza cosida, trenza hacia un lado o cola de caballo?

Capelina, boina, gorro, visera, sombrero, cofia, tocado hasta casco. Te elijo como complemento y prometo llevarte para protegerme y adornarme ante el próximo clima.

Que elegir un sombrero sea sinónimo de protección. Y que ponerse un sombrero sea hacerse un mimo… bajo el sol o “bajo el burlón mirar de las estrellas”.

Guillermina Debeljuh
María Guillermina nació en Pergamino (Bs. As.), el 22 de Febrero de 1993.
Ella está finalizando la Licenciatura en Diseño de Indumentaria y Textil en la Universidad Nacional del Noroeste de la Provincia de Buenos Aires. Ella trabaja en proyectos de investigación en la Universidad por las becas CIC, escribe, participa de un programa de radio desde la indumentaria y hace fotografías para transmitir sus pensamientos. Actualmente, se encuentra desarrollando un emprendimiento de prendas tejidas en Mohair denominado CRIN. Y ella pone energía en lo que cree. Y lo trabaja con esa certeza placentera de que en el acto de creer está creando su universo.
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